La actual situación del diseño no es muy alentadora (no seas negativo… porras!!). Como cualquier actividad profesional hoy día, las perspectivas de futuro son, cuando menos, preocupantes. A este hándicap “externo”, en la comunidad “diseñil” patria son bien conocidos los problemas inherentes a la profesión. Que si intrusismo laboral, que si se infravalora el trabajo por parte del cliente, que sí se están cargando la formación, que sí, que sí, que si,…

Estas cuestiones innatas a la profesión no piensen ustedes que son propias y exclusivas de los diseñadores…. no hay más que tirar de refranero español para saber que “en todos los lados cuecen habas”. Lo que si creo que sea exclusivo, es ese halo de victimismo e inseguridad. En eso, perdónenme, somos unos profesionales. Y como buenos profesionales las formas de afrontar la misma situación vienen determinadas por el enfoque.

Recientemente me he topado con dos perspectivas bien distintas que hurgan en la herida abierta. Una el creativo-poético-humorístico “Intercambio de papiros entre las primeras comunidades cristianas y Walter, el diseñador gráfico al que le encargaron el logotipo” que el bueno de @tinoguemes descubrio para sus seguidores en Twitter, y una segunda, que en forma de documental social, intenta denunciar la situación del campo del diseño gráfico en la ciudad de Murcia, de la mano de Manuel Franco (gracias Itákora por rescatarlo). Un tema que me toca muy de cerca como profesional de “provincias”.

En ambas piezas se incide y compara sobremanera en aspectos, como decirlo, palpables de la profesión. Es un tema demasiado recurrente y un debate que, o se supera o acabará por volvernos a todos “del lado oscuro”, más cuando los datos y la visión que se tiene desde fuera de la profesión es totalmente diferente. Así que, Be happy my friend y “que la fuerza te acompañe”.